Basta de normalizar la fascistización en Flandes (Bélgica)

Análisis
Author
Loonis Logghe
solidaire.org

A pesar de su intento de cambiar de fachada, el Vlaams Belang sigue siendo un partido racista de extrema derecha. Es esencial desenmascarar la naturaleza racista, antisocial y peligrosa de este partido, así como el intento de "normalización" que se está produciendo.

Photo Solidaire, Geertje Franssen

En las elecciones del pasado 26 de mayo, el PTB no fue el único en avanzar: el partido fascista Vlaams Belang obtuvo el 18,5% de los votos en Flandes, convirtiéndose en el segundo partido más grande del norte de Bélgica y el tercero a nivel nacional. Aumentó su participación en los distintos parlamentos, incluido el Parlamento Europeo, donde logra 3 escaños (frente a 1 que tenía previamente).

Cuando, el 13 de julio, Filip Dewinter (Vlaams Belang) presidió la sesión del Parlamento flamenco, sólo protestaron los diputados del PTB, con carteles en los que se podía leer: "No en nuestro nombre". Un partido que promueve la discriminación, el racismo o el fascismo no puede hablar por toda la población.

El 15 de agosto se produjeron graves acontecimientos en el festival Pukkelpop. Un puñado de nacionalistas flamencos de extrema derecha, pertenecientes al Movimiento Juvenil del Vlaams Belang, intimidaron, gritaron mensajes de odio y atacaron físicamente a jóvenes activistas por el clima. Hoy, cada vez más, la extrema derecha puede actuar con impunidad.

El Vlaams Belang es el Vlaams Blok

El Vlaams Belang es y seguirá siendo un partido racista de extrema derecha, y decir que algunos de sus representantes electos coquetean con el fascismo es una subestimación. Detrás de los hermosos trajes, de los discursos conciliadores cuando hablan con otros políticos y de las reuniones públicas a las que asisten, se esconde una estrategia y unas ideas que han permanecido inalteradas.

En 2004, el Vlaams Blok, condenado por incitación al odio y al racismo, cambió su nombre por el de Vlaams Belang. En 2014, el partido eligió a su nuevo presidente, Tom Van Grieken, quien trató de hacer que el VB pareciera un partido "nuevo", sugiriendo una ruptura con el viejo Vlaams Blok y sus figuras históricas, como Filip Dewinter de Amberes. Sin embargo, no es más que una fachada.

Tanto el presidente Tom Van Grieken como el líder Filip Dewinter, así como el resto del partido, aspiran a una Europa blanca y étnicamente homogénea. Utilizan términos como "islamización" y "desoccidentalización" para describir la diversidad de la sociedad. Términos tomados de las teorías de conspiración y supremacía de “la gran sustitución". Dries Van Langenhove, el nuevo "chico de oro" de extrema derecha, defendió la canción racista "El Congo - ex colonia belga, nota del editor - es nuestro" cantada durante el festival Pukkelpop en 2018.
No sólo en su racismo muestra su verdadero rostro el partido. Para Van Grieken, la atención a la igualdad de oportunidades para las mujeres es totalmente estúpida y llama a quienes la defienden "fundamentalistas y extremistas de género".

Normalización en aumento

Aunque el Vlaams Belang (VB) no ha cambiado, ha habido un cambio claro en la forma en que se abordan las relaciones de otros partidos con el VB. Se puede decir que las dos últimas elecciones han supuesto claros puntos de ruptura a este respecto. La normalización de la extrema derecha forma parte de una estrategia deliberada del propio VB, pero también de los demás partidos de derecha que le prestan apoyo externo. Cabe destacar en particular el papel del N-VA, el partido más importante de Flandes (y de Bélgica). Un partido nacionalista que nunca ha bloqueado a la extrema derecha, sino que ha servido de puente para legitimar al VB.

Desde las elecciones, Bart De Wever, presidente del N-VA, ha avanzado hacia una derecha particularmente dura, elitista y nacionalista. Su estrategia para el próximo gobierno flamenco parece un manual de ideas neoliberales. Ha hecho de la extrema derecha del Vlaams Belang algo frecuentable, negociando con ellos durante dos meses, y propuestas que durante mucho tiempo se consideraron impensables se aceptan hoy sin ningún tipo de vergüenza.

El 26 de mayo, el votante castigó a los partidos de la coalición gobernante con una bofetada monumental en la cara. Los partidos de gobierno – el N-VA, el CD&V y el Open Vld - perdieron juntos más de medio millón de votos. Esta fue una fuerte señal contra la política de austeridad de los últimos cinco años. Una señal social que exigía facturas más baratas, mejores pensiones, vivienda asequible. El Vlaams Belang jugó hábilmente en esta situación (al igual que el Rassemblement national de Marine Le Pen en Francia) para mezclar demagógicamente las demandas sociales a la retórica racista e islamofóbica y, gracias a ello, pudo ganar muchos votos.

Dos meses después de las elecciones, De Wever & Co. eliminó todas las preocupaciones sociales. La N-VA quiere poner el acento en la competitividad de las empresas flamencas, mientras que la población se enfrentará a austeridad y desintegración social. El Vlaams Belang y sus ideas racistas y nacionalistas se presentan para ocultar la agenda antisocial del próximo gobierno. Mientras que una gran parte del presupuesto beneficiará a las grandes empresas, De Wever quiere asegurarse de que los flamencos luchen con los "recién llegados" por las migajas.

El nacionalismo que une...

Para ocultar su ataque a los trabajadores, Bart De Wever pone todo su empeño en crear una "conciencia flamenca" colectiva. Alimenta el sentimiento nacionalista para hacernos creer que todo el mundo estará unido, desde el trabajador con horarios flexibles hasta el accionista, desde el beneficiario de la asistencia social hasta el director general, en una "Gran Flandes". Dentro de poco aprenderemos en el Museo de Historia Flamenca que los flamencos comparten la misma historia, valores e intereses, en un espíritu de hermandad. La cultura se convertirá en una herramienta de propaganda y en una simple tarjeta de visita de Flandes. Bart De Wever lleva la instrumentalización de la educación, la cultura y la televisión pública a un nuevo nivel al servicio de su proyecto nacionalista.

La división del país nunca ha sido un tema de la campaña electoral. Sólo el 6% de los flamencos desean una nueva reforma del Estado, una cifra tan baja como la del 5% que lo hacen en la Bélgica francófona. Además, una encuesta reciente ha demostrado que los flamencos, los valones y los habitantes de Bruselas comparten las mismas prioridades: un impuesto justo sobre las grandes fortunas, una pensión mínima de 1.500 euros o el mantenimiento de la indexación salarial. Sin embargo, De Wever utiliza al gobierno flamenco para bloquear todo el país.

Una nueva etapa en la toma de rehenes de los resultados electorales para lograr la "misión histórica" de De Wever: el confederalismo. Esta división del país tiene el mismo objetivo que la política de derechas que quiere seguir en Flandes. Basada en el desmantelamiento de la seguridad social, de la negociación colectiva de los salarios y de la indexación salarial automática. El confederalismo es un ataque directo a los logros sociales de los trabajadores de nuestro país. Es la solidaridad lo que se está rompiendo. No sólo entre trabajadores de diferentes regiones del país, sino también entre sectores débiles y fuertes, entre personas sanas y pacientes de larga duración, etc.

Para la N-VA de De Wever, las negociaciones con el VB fascista cara a la formación del gobierno flamenco, no tenían la intención la de formar un gobierno (no tenían una mayoría suficiente y a los otros partidos no les gustaba), sino la de influir en la composición del próximo gobierno flamenco. Este es un escenario muy similar al de Dinamarca, donde la extrema derecha ha estado apoyando al gobierno durante años. El siguiente paso es lo que está ocurriendo en Italia y Austria. Hace dos meses, nadie hubiera pensado que Vlaams Belang podría formar parte de un gobierno a medio plazo. Sin embargo, esta opción ya se ve como plausible, y existen muchas posibilidades de que se haga realidad en 2024, quizás antes incluso.

El peligro está ahí

Las consecuencias de un Vlaams Belang en el poder serían extremadamente desastrosas. Los representantes de este partido abogan por la prohibición de la religión musulmana, que consideran "en total contradicción con la identidad occidental". La división del país que desean llevaría a la destrucción de todos los logros sociales.

La demagogia social de la extrema derecha nunca conducirá a un progreso social real. Este escenario más preocupante aún si pensamos en el aparato represivo que se ha desarrollado considerablemente en los últimos años en nombre de la lucha contra el terrorismo. El Estado puede arrestar y detener más fácilmente a los ciudadanos, intervenir sus teléfonos o privarlos de sus derechos. Por lo tanto, tenemos todos los ingredientes de un Estado autoritario. ¿Qué pasará si alguna vez pasa a manos de la extrema derecha?

Para algunos, la normalización de la extrema derecha también es una fuente de legitimidad para el uso de la violencia. Recientemente, un miembro electo del partido CDU fue asesinado en Alemania por defender una política migratoria más humana. También en Noruega y Gran Bretaña han sido asesinados políticos antirracistas. En Italia, el número de incidentes por motivos raciales se ha triplicado desde la participación en el gobierno de La Liga.

Alzarse contra la fascistización

El Vlaams Belang es y sigue siendo un partido racista de extrema derecha. Sus ideas y objetivos no han cambiado. Por el contrario, la corriente fascista encarnada por grupos de extrema derecha sigue fortaleciéndose. La normalización de la extrema derecha ya está muy avanzada. Y por eso que debe ser detenida. El progreso del Vlaams Belang no es irreversible. No podremos detenerlos "dejando que las cosas se calmen" o "hablando lo menos posible de ellos".

Es nuestro deber desenmascarar y mostrar a las personas en el lugar de trabajo, en los barrios... el verdadero rostro de Vlaams Belang, que se presenta con un perfil social. La gente tiene razón cuando critica la política antisocial y la falta de participación ciudadana en la política. Sin embargo, allí donde gobierna la extrema derecha, aplica la política socioeconómica del establishment. También es necesario confrontar la idea de que Vlaams Belang "se romperá si gobierna". Lo que ha ocurrido en otros países debería servir de advertencia.

Para contrarrestar los planes de De Wever, debe haber un amplio movimiento en favor de una alternativa social, sostenible y justa. La sociedad civil y los sindicatos, pasando por el sector cultural y el movimiento climático, hacen un llamamiento a la acción. Si queremos hacer de la vivienda un derecho, luchar enérgicamente contra la pobreza, trabajar por una verdadera inclusión y garantizar la calidad de vida en nuestro planeta, no tenemos más remedio que unir fuerzas y defender una política radicalmente diferente. Este movimiento puede contar con el apoyo del PTB. En la calle y en el Parlamento, ayudaremos a poner las prioridades sociales en la agenda.