Lo que esconde el "Pacto Social" defendido por la Federación de Empresas de Bélgica (FEB)

Análisis
Author
Benjamin Pestieau
solidaire.org

El jefe de la FEB (Federación de Empresas de Bélgica) lleva mucho tiempo soñando con un Pacto Social. Ya soñaba con esto antes de la crisis de Covid-19. Y no es el único. Georges-Louis Bouchez, el jefe del MR (Mouvement réformateur, partido liberal francófono), considera que "ha llegado el momento de concluir un nuevo contrato social". En el mundo sindical también, algunos piden un Pacto Social. Esto causó una fuerte controversia en la cúpula de la FGTB (el sindicato socialista). ¿Pero en qué consistiría este pacto?

Photo Belga

Un Pacto Social es un acuerdo que concluyen los empleadores, los sindicatos y el gobierno para regular las condiciones de trabajo, los principios de remuneración, los derechos sociales, etc. Generalmente se hace referencia al Pacto Social concluido en 1944, que sentó las bases de nuestro sistema de Seguridad Social después de la Segunda Guerra Mundial.

Consulta de geometría variable

Es como mínimo sorprendente que aquellos que han ignorado el mundo del trabajo, es decir los empresarios y los partidos de derecha, quieran ahora llegar a un acuerdo con los sindicatos. Durante los cuatro años del gobierno Michel (2014-2018), los sindicatos fueron dejados de lado para impulsar medidas neoliberales. Salto en la indexación de salarios, aumento de la edad de jubilación a 67 años, congelación de salarios, flexibilidad, ataques a los servicios públicos... frente a cada una de estas medidas, los trabajadores del país salieron masivamente a las calles con el apoyo de los sindicatos, hicieron huelga, exigieron ser escuchados. Pero en ningún momento se les escuchó o se les tuvo realmente en cuenta. Las victorias logradas por el movimiento social - como el abandono del proyecto de pensiones por puntos, la famosa "pensión tómbola" - se debieron únicamente a la presión social y a la confrontación de fuerzas. No fueron el resultado de una consulta entre el gobierno y el mundo laboral.

Mientras antes hacían oídos sordos, ahora los jefes y los partidos de derecha fingen querer consultar a los sindicatos para negociar un "nuevo pacto o contrato social". ¿Qué intenciones tienen?

La doctrina del shock a la manera patronal

"Las quiebras y reestructuraciones crearán un sentimiento de urgencia a partir de mediados de junio. Espero que para entonces haya suficientes partidos que se levanten para formar una "coalición de voluntarios". (...) Esta coalición sólo puede concretizarse si todos los participantes en la mesa de negociaciones no se aferran a conceptos simbólicos como la indexación de salarios, la jubilación anticipada, etc.", declaró recientemente en el diario De Standaard Pieter Timmermans, el jefe de la FEB (Federación de Empresas de Bélgica).

En otras palabras, la FEB quiere aprovechar la conmoción causada por las numerosas quiebras y reestructuraciones debidas a la crisis económica para avanzar en su agenda antisocial. Aprovechar el choque para desestabilizar a la población, los sindicatos, las organizaciones laborales y los partidos progresistas: esta es la estrategia de los empleadores.

Y todas las federaciones de empresarios han presentado de forma detallada las medidas concretas que quieren: ampliación de la semana laboral (de una semana de 38 horas a una de 42 horas) y aumento de las posibilidades de hacer horas extras sin pago extra, sin recuperación y sin control sindical. También quieren congelar los salarios de forma aún más estricta mediante una revisión de la ley de salarios, y someter la Seguridad Social a una privatización y una desfinanciación progresivas. Además, quieren aplicar nuevos recortes en los servicios públicos y reforzar la caza de brujas contra los sin empleo.

Pero al mismo tiempo, opinan que no nos deberíamos "aferrar" a "símbolos" como la indexación de salarios o la jubilación anticipada y proponer ideas como la de gravar las grandes fortunas.

¿La condición para salir de la crisis?

En realidad, las recetas que los empleadores describen como soluciones "creativas" para salir de la crisis son anticuadas. Ya demostraron su ineficacia y sus dramáticas consecuencias sociales y sanitarias.

Por ejemplo:

- Trabajar más y hacer más horas extras es absurdo en un momento en que hay quiebras y más desempleo. Al empujar los que ya trabajan a trabajar más, se priva a los que (ya) no tienen empleo de la posibilidad de trabajar y se agrava el desempleo.

- Limitar aún más los salarios frenará el consumo y, por tanto, la economía, al retirarle el oxígeno que necesita.

- Limitar el gasto público conducirá a desastres, como vimos durante la crisis de Covid-19, en la que nuestros hospitales y casas de reposo carecían de personal y recursos materiales.

- Recortar la financiación de la seguridad social exacerbará aún más las desigualdades entre los que hayan conservado su empleo y los que lo hayan perdido a causa de la crisis y hará imposible la financiación de nuestras pensiones.

¿Se acabó el "partido" entre trabajadores y empleadores?

Resulta que los empleadores quieren utilizar la doctrina del shock para imponer su punto de vista, utilizando además un Pacto Social para evitar toda lucha social. Para defender la idea de un Pacto Social, el presidente del MR Georges-Louis Bouchez afirmó en el diario Sud Presse que "hay que dejar de pensar que se está jugando un partido entre empleadores y trabajadores". En su opinión, sería posible, después de la crisis de Covid-19, encontrar un terreno común entre trabajadores y empleadores. Pero al leer las intenciones de los empleadores se puede dudar de ello. Los empleadores tienen intereses especiales y los defienden para obtener el máximo beneficio. Estos intereses son opuestos a los del mundo del trabajo y existe una lucha entre los intereses de los trabajadores por un lado y los de los patronos por el otro. Una lucha de clases.

Para la patronal y los partidos de derecha, la primera calidad de este pacto sería, pues, detener los conflictos, las luchas, las acciones, las huelgas y todos los otros movimientos que el mundo del trabajo pueda poner en marcha ante la doctrina del shock que los empleadores quieren imponer.

¿Es posible comparar la situación posguerra del 1944 con el la situación pos-Covid-19 del 2020?

Cuando hablan de un nuevo Pacto Social, algunos se refieren al Pacto Social de 1944 firmado por los patronos y los sindicatos y asumido por el gobierno de Liberación. Incluso la FEB se refiere a ello.

Sin embargo, esta comparación no tiene mucho sentido. Durante la guerra, el movimiento obrero se había organizado en la clandestinidad contra el ocupante. El fascismo, que es la expresión más brutal y bestial del capitalismo, había sido derrotado. En 1944, los comunistas estaban en el apogeo de su popularidad, pues eran los héroes de la Resistencia. La Unión Soviética gozaba de gran prestigio y encarnaba la posibilidad de un tipo de sociedad diferente a la que se basa en el mercado y el beneficio. Los empresarios temían perder el control de sus fábricas. Tuvieron que ceder mucho por miedo a perderlo todo. Para preservar el sistema capitalista, eran necesarias muchas concesiones.

El balance de poder en la era post-Covid-19 no tiene nada que ver con el de 1944. Estamos solamente en las primeras etapas de su reconstrucción. Los trabajadores mostraron su fuerza durante la crisis. Ellos detuvieron temporalmente la propagación del virus al interromper la producción en los sectores no esenciales. Ellos hicieron que los servicios y la producción esenciales siguiesen en marcha. Ellos hicieron funcionar nuestros hospitales. Ellos lucharon por el respeto de las normas de seguridad. Está creciendo una conciencia de clase: formamos parte de la clase trabajadora y esta clase, no la de los patronos, es la que hace funcionar el mundo. Este es el comienzo del renacimiento de un mundo del trabajo que se enorgullece de su papel en la sociedad y está a la ofensiva en lo social. Este renacimiento de la conciencia de clase es lo que los empresarios quieren evitar, por ejemplo mediante un Pacto Social que bloquee cualquier resistencia, oficialize la regresión social y suma a los trabajadores en una nuevo retroceso, fuente de nuevas formas de pesimismo.

Es hora de crear una correlación de fuerzas favorable a los trabajadores

Este no es el momento para una "oposición estéril", dicen los empleadores. "Estamos al borde del colapso...", dice la prensa. Y ahí está el Pacto Social para salvarnos dándonos la ilusión de que existe un interés común en superar la crisis "todos juntos". Según este discurso, ahora es tiempo de entendimiento común. Las disputas y las luchas agravarían la crisis, según la patronal y los partidos de derecha.

Pero la gran pregunta es la siguiente: ¿En qué debería basarse este acuerdo? ¿En el declive o el progreso social? Hasta ahora, son principalmente las medidas de derecha las que han demostrado su incapacidad para responder a la crisis, ya sea en el ámbito sanitario o en el económico. Es hora de innovar socialmente activando el patrimonio de los multimillonarios mediante una tasa Covid, repartiendo el tiempo de trabajo, permitiendo que los viejos se jubilen más pronto y ayuden así los jóvenes a conseguir empleo...

"Sí, pero estamos en crisis... ", dicen los partidos de derecha. Pero las medidas adoptadas tras la gran huelga del 1936 (primeras vacaciones pagadas, semana laboral de 40 horas...) y las medidas sociales del 1944 se tomaron en plena crisis. Estábamos en crisis, y lo hicimos sin embargo. Además estas medidas no agravaron la crisis, a diferencia de las de derechas.

Otros afirman que, por culpa del Covid-19, luchar sería imposible. Pero las batas blancas, los trabajadores aeroportuarios, los de Decathlon o VCST en Limburgo, los de los grandes almacenes y otros muestran que sí se puede.

No es hora de hacer un pacto

El período de posguerra demuestra que un Pacto Social constituye un "alto el fuego", que consiste en cristalizar y congelar la correlación de fuerzas. Firmar un pacto mientras el balance de poder sea desfavorable congelaría esta relación por mucho tiempo.

Firmar un pacto ahora significaría someter los intereses de los trabajadores a los de los empleadores y los partidos de derecha. Significa caer en la trampa de los empleadores que temen el crecimiento actual de la conciencia de clase. Ha llegado el momento de suscitar un balance de poder en el plano social y político. Es la única forma de garantir que no sean los trabajadores y las trabajadoras quienes paguen por la crisis.