Marc Botenga: "Corticircuitar el sistema institucional europeo"

Entrevista
Author
Jonathan Lefèvre
Solidaire.org

Cargos públicos que ganan más de 11.000 euros al mes, una Comisión que defiende a las multinacionales europeas... Bienvenido al maravilloso mundo de la Unión Europea. Un mundo que está descubriendo desde dentro el eurodiputado del PTB Marc Botenga (GUE/NGL). Crónica de un viaje.

Marc Botenga

Lo primero que llama la atención al visitante del Parlamento Europeo es la cantidad de controles que deben realizarse antes de poder entrar. Lo segundo es la austeridad de los pasillos. El cielo exterior grisáceo parece contaminar el interior... Afortunadamente, unos coloridos carteles anuncian la proximidad de la oficina de Marc Botenga, el eurodiputado de “la izquierda que muerde a la Europa del dinero" - eslogan del PTB durante la campaña europea.

¿Qué te ha sorprendido más desde que asumiste el cargo?

Marc Botenga. Los privilegios. En primer lugar, el salario, que es muy generoso. Recibo 6.800 euros netos al mes, y dispongo de 4.500 euros mensuales en gastos de oficina. Sin contar los presupuestos de comunicación, etc.

Y cada día que vengo a trabajar, recibo 320 euros para cubrir mis gastos de viaje y hotel. Por supuesto, viviendo en Bruselas, mis gastos de viaje se limitan a un buen par de zapatos y vivo en Bruselas, así que, ¿qué hotel? Además, tenemos transporte público gratuito e incluso coches con chóferes a nuestra disposición ... Si no siguiera viviendo con el salario de un trabajador promedio, me marearía...

Después me sorprendió el aislamiento total del edificio del mundo exterior. Tenemos de todo en el interior: una tintorería, un gimnasio, un banco, una librería, en breves un supermercado, una pequeña oficina de correos... En resumen, una verdadera burbuja.

Además, mucha gente me dice: "Eres el primer belga que conozco". Los diputados y su personal no saben nada de la ciudad, del país, de la gente. Se relacionan entre ellos, también fuera de aquí. Cuando hay una manifestación sindical o una huelga climática, por ejemplo, se enteran a través del correo electrónico de la seguridad del Parlamento, que dice: "Tengan cuidado si salen porque hay manifestaciones afuera". "Otra cosa que me sorprendió es que, en los debates, en las comisiones, por ejemplo, los argumentos no cuentan. Lo único que importa son las discusiones en el pasillo. Se ven fuera de la sala de reuniones y dicen: "Los socialistas vamos a votar a tu Comisario". Pero a cambio, vosotros, los de la derecha, nos dais tal o cual puesto clave. "Así, después de rechazar a un comisario francés sospechoso de tener un conflicto de intereses, Sylvie Goulard, terminamos con un comisario, Thierry Breton, que está diez veces más involucrado en conflictos de intereses... Es completamente absurdo.”

Desde fuera, a veces tenemos la impresión de que este lugar está lleno de especialistas, tecnócratas, expertos que discuten entre ellos cosas demasiado complicadas para que las entendamos. ¿Es así?

Marc Botenga. El lenguaje es complejo para que la gente no entienda nada. No es algo necesario, es fruto de una voluntad política. Es un poco como estas ventanas (señala la ventana que está detrás de él, nota del editor). Desde aquí se puede ver el exterior. Pero desde la calle no se ve nada, son opacas. Hay una falsa transparencia en los textos y debates. Se hace todo muy complejo para que la gente no lo entienda y para que podamos engañarlos mejor. Se escribe: "Vamos a prohibir el dumping social”, para añadir a continuación en un discreto párrafo: "Tan pronto como sea posible.” ¿El resultado? No se prohibirá el dumping social...

Pasemos a la nueva Comisión que acaba de ser instalada. Usted es el único eurodiputado belga de izquierdas que votó en contra. ¿Por qué votaste en contra?

Marc Botenga. En la Unión Europea estamos viviendo una crisis, una emergencia climática y social. Una emergencia social para 113 millones de europeos. Más de uno de cada cinco ciudadanos de la UE está en riesgo de pobreza. Pero estamos en un continente rico. Los países de Europa del Este han perdido hasta un 25% de su población. Hay 20 millones de personas que han tenido que abandonar su país porque ya no tienen trabajo y no tienen derechos sociales.

Pero la nueva Comisión quiere dar un apoyo prioritario a las grandes multinacionales, a las que llama "campeones europeos". Multinacionales más fuertes en Europa significa trabajadores que tendrán que emplearse más duro por menos sueldo para lograr que las multinacionales puedan obtener tantos beneficios como sus competidores americanos, chinos y otros. Bajo esta lógica de competitividad, la gran patronal europea se alegrará cuando los trabajadores europeos tengan los mismos salarios que los trabajadores de Bangladesh.

Cuando la Comisión dice que "nuestras multinacionales deben dominar", también entramos en una lógica militarista: cuando un país, un bloque, decide que "su" multinacional debe poder actuar en un lugar, otro país o bloque se enfada porque quiere que una de sus multinacionales se apodere del mercado. Sobre todo, la Comisión Europea quiere un Estado europeo más fuerte para defender los intereses de las multinacionales europeas en el mundo. Ursula von der Leyen (nueva presidenta de la Comisión, nota del editor) dará mucho más dinero a la industria militar y de seguridad. Recordemos la guerra por el petróleo en Irak: la Unión Europea quiere ser capaz de hacer lo mismo que los Estados Unidos. Saquear los recursos de otros países. Lo vemos en África. Las multinacionales necesitan materias primas baratas para construir baterías de alta tecnología y obtener beneficios. Así que la Unión Europea está preparando una estrategia africana para lograr controlarlas y vaciar al continente de sus recursos. Esto significa que estamos entrando en una lógica de guerra económica, más que de cooperación a nivel internacional. Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea, declaró recientemente que el Norte de África era el "patio trasero" de Europa y que era necesario "resolver los problemas" allí a través de una "fuerza militar común"...1 Esta guerra entre bloques también está detrás de la lógica del "Green Deal" presentado con gran pompa por la nueva Comisión.

¿Es este Green Deal una simple operación de comunicación o una verdadera preocupación por el clima?

Marc Botenga. En primer lugar, dejemos claro que este Green Deal proviene de la movilización de la calle. Antes del movimiento juvenil, se hablaba muy poco del clima en el Parlamento Europeo. Por supuesto, los líderes eran conscientes del problema desde la década de 1980. Hoy, gracias a las movilizaciones, se ven obligados a adoptar una postura. La propuesta del Green Deal es bastante vaga por el momento, pero Greenpeace ya ha señalado que será "insuficiente" y que pone en peligro el acuerdo de París. También estoy muy preocupado porque la Comisión tiene la intención de hacer pagar a los trabajadores por este acuerdo. Por ejemplo, quiere revisar la ley europea sobre el Impuesto al Carbono del combustible, y se habla de un impuesto sobre el kilometraje.

Habláis mucho del dumping social. ¿Por qué ponéis tanto foco en este asunto?

Marc Botenga. ¿Qué es el dumping social? Es el dumping, la espiral, la presión a la baja sobre los salarios, las condiciones de trabajo, etc. que organizan los empresarios aprovechando las desigualdades salariales y los derechos sociales dentro de la Unión Europea.

Se trata de una competencia basada, entre otras cosas, en los salarios brutos. El dumping social se suele producir por la parte diferida del salario (el bruto, que se utiliza para financiar la seguridad social, etc.). Si una empresa envía temporalmente a un trabajador a otro Estado europeo, no tendrá que pagar las cotizaciones a la seguridad social del país al que envía al trabajador. Esto significa que la empresa aprovechará el hecho de que el salario bruto en Rumanía es mucho más bajo que en casa. Enviará o "desplazará" a Bélgica a un trabajador con un contrato rumano para que pague sólo las cotizaciones a la seguridad social rumana, más baja.

Se ha convertido en un verdadero negocio para los empresarios. A veces crean empresas buzón ficticias, se aprovechan del sistema. Por ejemplo, 100.000 trabajadores de la construcción provienen de Eslovenia, ¡pero sólo hay 55.000 trabajadores de la construcción en ese país! Todo esto beneficia a la patronal, y es una presión para que se reduzcan las cotizaciones sociales que pagan las empresas en Bélgica. Debilitando los derechos de los trabajadores y de la seguridad social.

Esto tiene que parar. Y es posible hacerlo ya. Estoy trabajando en un reglamento sobre el tema a nivel europeo. Se podría exigir a las empresas que paguen las cotizaciones a la seguridad social en el país en el que se emplea al trabajador. Pero hay una enorme resistencia. Porque el objetivo de los partidos tradicionales es dar prioridad al mercado, a la libre circulación de servicios. Dicen que esto desalentará a ciertas empresas. Es verdad. ¿Pero qué compañías? Las que no quieren respetar los derechos de los trabajadores...

¿Cómo podemos actuar para oponernos a esta nueva Comisión?

Marc Botenga. El Tratado de Maastricht y las instituciones de la Unión Europea se han desarrollado junto a los principales grupos de presión empresariales, como la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT). Se han unido a través de estas instituciones. Debemos construir nuestra unidad. Si queremos cambiar las cosas en Europa realmente, debemos cortocircuitar el sistema institucional. Los estibadores lograron detener la liberalización de su estatus. ¿Cómo? No movilizándose únicamente a nivel europeo o a nivel nacional. Se movilizaron a nivel nacional y a nivel europeo, con huelgas nacionales y huelgas europeas. Eso cortocircuita el sistema europeo: los eurodiputados estaban bajo presión en casa y aquí. En el consejo, donde están representados los Estados, todos los gobiernos estaban bajo presión por una huelga en su país. La Comisión, por su parte, estaba bajo presión por las manifestaciones que tenían lugar frente a su sede... 

Es lo que están tratando de hacer las organizaciones de trabajadores: construir la unidad de los trabajadores europeos. Es la única solución para crear una correlación de fuerza suficiente para oponerse a las instituciones europeas. Es posible.

¿Así que hay motivos para el optimismo?

Marc Botenga. Sí. En cuanto hay un movimiento en los diferentes países, los líderes políticos y económicos tiemblan. Es un poco como estar en un campo de fútbol. Frente a nosotros, hay 11 jugadores que siguen las tácticas del entrenador. Si salimos al campo sin conocernos, sin acordar la táctica, nos ganan 5-0. Pero si acordamos una estrategia antes en el vestuario, y salimos al campo con la intención de jugar en equipo, nuestro rival no durará ni medio tiempo...

Las cosas se están moviendo. La gente está cansada de pagar por todo. Fui a las manifestaciones por las pensiones en Francia y España, había mucha gente de diferentes sectores. Sindicalistas de los sectores públicos y privados, chalecos amarillos, pensionistas, granjeros... están en las calles para decir basta. Mientras desaparecen nuestros derechos, las grandes empresas rebosan con unos beneficios nunca vistos, los accionistas nunca han cosechado tantos dividendos. La lucha por la pensión es una lucha de clases. Como cualquier otro asunto.

Y nosotros podemos inspirar a los trabajadores de otros países. En Francia y España, los manifestantes se acercaron a las delegaciones del PTB para pedir detalles sobre cómo habíamos logrado bloquear la pensión por puntos en casa. Esta victoria demuestra que es posible ganar. Tenemos que difundir el optimismo.

Usted es el primer eurodiputado del PTB. ¿Qué sentido tiene un diputado de la izquierda que muerde?

Marc Botenga. En primer lugar, ir más allá del Parlamento. No estamos aquí sólo para apretar un botón. Como eurodiputados, tenemos que salir de esta cámara parlamentaria, ir a hablar con los trabajadores de Bélgica y de otros lugares de Europa. Aunque hagamos nuestro trabajo parlamentario seriamente. Y eso tiene un impacto. Podemos ver que el Partido Socialista Belga ha logrado decir algo durante la votación de la nueva Comisión. Hasta ahora, no se le oía mucho. Los representantes electos que se autodenominan "de izquierdas", "progresistas", notan cierta presión en el momento de la votación. Algo que antes casi no tenían... Realmente traímos algo a la mesa. Mordemos. Revelamos cosas, como el escándalo de los comisarios y sus conflictos de intereses. Pero, sobre todo, estamos activos en las calles. Durante las manifestaciones en Francia y España no vi a ningún otro diputado belga...  

1. De Standaard, 23 de noviembre de 2019