"No es para los héroes del coronavirus pagar por la crisis del coronavirus"

Análisis
Author
Peter Mertens
PTB.be

Discurso del 1 de mayo
Peter Mertens, presidente del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB)

Peter Mertens

Volveremos a ver a nuestro jefe antes que nuestra familia y nuestros amigos. Se me permite ir de compras, pero no se me permite ver a mi ahijado. A menos que me encuentre en una tienda Hema. Eso es absurdo. Las organizaciones de la patronal VBO y Voka han torcido el brazo del Consejo de Seguridad Nacional. La economía se está poniendo en marcha, mientras que la vida social está en cuarentena.

Somos seres humanos. Vivimos. Vivimos juntos. Trabajamos. Está lo social, lo económico y lo mental. Una sociedad tiene que tener en cuenta todas esas cosas. Pero hoy en día, el gobierno escucha más al lobby de las grandes empresas que al del corazón. Tiene que ser al revés.

Por supuesto, también queremos que la economía se reinicie, si es seguro hacerlo. Pero el gobierno no está listo. Hay muy pocas pruebas, muy pocos detectores del coronavirus y muy pocas máscaras bucales.

"Hazte las máscaras de boca", dice el gobierno. Que hayamos terminado en una economía de bricolaje dice mucho. Las mascarillas se han convertido en el símbolo de la lucha contra el coronavirus. De hecho, todos deberíamos tener una a estas alturas. Pero no hay suficientes. Ni por asomo. No es normal.

Tenemos la mejor industria textil del mundo. Es uno de nuestros puntos fuertes. Desde la Edad Media. Las empresas textiles belgas fabrican los trajes blancos de los astronautas.

¿Por qué no podemos encontrar una manera de hacer máscaras para proteger a toda la población?

Teníamos un inventario de 63 millones de mascarillas. Una reserva estratégica creada a petición de virólogos. Pero esta reserva se destruyó hace unos años y ya nunca se volvió a renovar. ¿Y sabéis por qué? Para ahorrar dinero. Ahorrar en productos esenciales. Friamente.

¿Cómo es posible que en nuestra sociedad de alta tecnología, con nuestros conocimientos técnicos, con nuestra mano de obra altamente cualificada, no podamos proporcionar una mascarilla a todos y cada uno de nuestros conciudadanos? Para al menos ser capaces de protegernos a nosotros y a la gente que nos rodea.

Hoy, todos deberíamos tener una mascarilla. Pero ni siquiera hay suficientes para el personal sanitario. Ni para las residencias de ancianos, ni para los hospitales, ni para la atención domiciliaria. Y menos aún para todos los que tienen que volver al trabajo.

El "mercado" no resuelve nuestros problemas. Su "mano invisible" no nos proporcionó ni una sola mascarilla. Ni suficientes test de despistaje. Ni una política de prevención de la salud digna de ese nombre.

Depende de nosotros que esto se mueva. Tomar las riendas. Como gobierno. Planificar. Ser proactivos y proteger la salud.

¿Pero quién cerró la producción en sectores no esenciales cuando estalló la crisis del coronavirus? La patronal no. Tampoco el gobierno. Fueron las propias trabajadoras y trabajadores, con los sindicatos. Porque continuar en el trabajo a menudo ya no era seguro ni responsable.

Más tarde, también fueron los propios trabajadores quienes se ofrecieron a fabricar piezas de respiradores en Safran Aero en Lieja, en Seat en España, en Audi en Bruselas. Y la lista de ejemplos similares es larga.

No hay planificación, es un caos total. Los distintos gobiernos dieron muestra de tan amateurismo que nuestros médicos y enfermeras de Medicina para el Pueblo acabaron encargando ellos mismos 60.000 mascarillas, que llegaron en avión. Terminaron haciendo test en los asilos, mucho antes de que lo hiciera el gobierno. Y terminaron saliendo a ayudar a los asilos que estaban faltos de personal. No más palabras, sino hechos. Así somos.

Estuve presente en el Parlamento cuando la Dra. Sofie Merckx ofreció nuestros servicios a la Ministra de Salud Maggie De Block en tres ocasiones. "Nuestros equipos médicos están listos para intervenir. Dinos dónde se necesita nuestra ayuda. Danos los medios para hacerlo." La ministra ni siquiera se molestó en responder.

La solidaridad es lo que cuenta. Me conmueve profundamente ver que Cuba envió un equipo de médicos y enfermeras a Lombardía, la región más rica de Europa, para establecer un hospital de campaña y luchar contra el coronavirus. Mientras toda Europa estaba ahí, de pie, mirándolos. Algunos países exportan armas, otros exportan solidaridad.

La solidaridad es la única manera de superar el coronavirus. Es lo que hacemos. Estamos sobre el terreno. Somos útiles donde podemos, con lo que tenemos. Con todos nuestros profesionales de la salud de Medicina para el Pueblo. Con todos nuestros grupos de base, en empresas y vecindarios. Con todos nuestros miembros ayudando, cosiendo mascarillas, haciendo música en los asilos, ayudando a los niños que necesitan tutoría, horneando pasteles para los cuidadores, poniendo carteles contra la violencia doméstica en las tiendas de barrio, llevando mascarillas a los bomberos. Y estos son sólo algunos ejemplos. Es lo que somos. Es nuestro ADN. Y estoy muy orgulloso de ello.

"Que el cuidado de la salud sea devuelto a la jurisdicción federal"

Hoy hace exactamente 130 años, el 1 de mayo pasó a la historia como un día de lucha. En 1890, no había ninguna ley para proteger a la población activa belga, que no tenía derechos. Sometida a ritmos de trabajo infernales. A condiciones de vida deplorables. Sin ningún derecho. Ni de organizarse como clase trabajadora. Ni de huelga. Sólo contaba con el derecho a vender su fuerza de trabajo. Y arriesgándose a perderlo todo en cualquier momento: los ingresos, la salud, la vida.

Afortunadamente, no nos resignamos a eso. Mucho antes de que existiera la seguridad social, los trabajadores daban su dinero ganado con esfuerzo a un fondo para ayudar a sus compañeros enfermos. La compañía de seguros de salud. Estas primeras sociedades mutualistas no fueron fundadas por mecenas ni por el Estado. Sino por trabajadores y trabajadoras ordinarios. Son las organizaciones de trabajadores más antiguas del país.

Desde hace diez años, la N-VA (Nueva Alianza Flamenca) y otras fuerzas de derechas han intentado deshacerse de las mutuas. Es una de las razones por las que la N-VA quiere dividir el país, por cierto. Para debilitar las mutuas y sindicatos, que son demasiado poderosos para su gusto. Cualquier trabajador que vota por un partido como la N-VA, vota contra sus propios derechos y contra su propia seguridad social. Hoy, 1 de mayo, les pido que aplaudan a todo el personal de las cajas de seguro de salud de los sindicatos por el fantástico trabajo que han hecho durante esta crisis.

Queremos que la prevención y el seguro médico vuelvan a ser responsabilidades centrales y federales, y que dejen de estar fragmentados, como está ocurriendo. Actualmente, todo el mundo se da cuenta del absurdo que representa la división de nuestro país. Tenemos nueve ministros de salud discutiendo entre sí en lugar de unirse para enfrentar al coronavirus. Lo que necesitamos es un sistema nacional de salud público fuerte, como en Suecia. Es la única manera en que podremos prepararnos mejor desde el primer momento para prevenir la propagación del virus en caso de un nuevo brote

"Las estrellas sólo se ven al anochecer"

Las estrellas sólo se ven al anochecer. La crisis del coronavirus nos sumió de repente en una profunda oscuridad. Muy profunda. Pero, de repente, se ven mejor las estrellas.

Esta crisis nos muestra lo que realmente impulsa nuestra sociedad a día de hoy.

Y no son los ejecutivos con salarios astronómicos, ni los capitanes de la industria ni otrosexpertos en fiscalidad. Ellos, que llevan años afirmando que están haciendo todo lo posible para asegurar la prosperidad de nuestra sociedad.

Nada más lejos de la realidad. Es la clase trabajadora la que hace girar el mundo hoy. Hombres y mujeres comunes y corrientes que trabajan. Ausentes de los programas de entrevistas de la TV o de las cartas abiertas de los periódicos, salvo cuando se habla de "ellos". Los que, cada día, venden su fuerza de trabajo. Los que reponen los estantes de las tiendas. Descargan camiones. Cuidan a nuestros ancianos. Los que distribuyen gel y máscaras. Los que nos sirven en las tiendas. Los que mantienen las fábricas en funcionamiento. Los que apagan incendios. Los que limpian pasillos. Los que cuidan de los pequeños. Son innumerables héroes y heroínas, a menudo invisibles, que impulsan la sociedad actual.

"Sin trabajo, no hay prosperidad". Es lo que afirmé el 1 de mayo de 2013, hace siete años. Y ahora es más cierto que nunca. Pero esta fuerza de trabajo todavía no es visible, respetada ni suficientemente remunerada. ¿14 euros por hora? Para la élite, es hasta demasiado. Bueno, hoy, 1 de mayo, decimos que 14 euros por hora es el mínimo absoluto. Para todos. Estos incontables héroes y heroínas no sólo merecen un aplauso a las ocho en punto. Merecen respeto. Una mejora duradera de sus condiciones de trabajo y de vida. Y nuestra salud también merece ser protegida todo lo posible.

¿Qué dicen hoy en día los capitalistas? ¡Gracias, chicos! Y ahora, todos de vuelta al trabajo. En España, Italia, Estados Unidos, Ecuador, la India,... Lo mismo en todas partes. La patronal quiere que la clase obrera vuelva a trabajar lo antes posible, mientras que las medidas de protección siguen siendo insuficientes.

Y lo mismo pasa aquí. Un político como Koen Metsu de la N-VA dijo, literalmente: "todo el mundo tiene que volver al trabajo, y si alguno coge el coronavirus, una lástima." A la N-VA no le impresionan los pequeños "daños colaterales" a los trabajadores. ¡Lo importante es que la economía siga funcionando! Para ellos, es trabajar y callar.

Bueno, hoy les digo: de ninguna manera. No nos vamos a callar. Iremos a trabajar si estamos a salvo. Lo que queremos es la máxima protección, no el máximo beneficio.

"Los héroes del coronavirus no van pagar esta crisis"

La crisis del coronavirus está costando miles de millones. Si dejamos al gobierno a su libre albedrío, nos pasará la factura.

"Al final, el contribuyente siempre es el que paga", dice Jan Jambon, Ministro-Presidente de Flandes. Y para Bart De Wever, el presidente de la N-VA, "todo el mundo tendra que aceptar dar un paso atrás".

Todos menos ellos, por supuesto. Cuando proponemos que todos los políticos paguen la mitad de sus generosos salarios mensuales para combatir el coronavirus, gritan en voz alta.

Nosotros ya lo hicimos. Todos/as nuestros/as diputados/as han donado un total de 140.000 euros a la Cruz Roja, Médicos del Mundo y Médicos sin Fronteras. Para nosotros, la solidaridad no es una palabra vacía.

Y si todos los/as demás diputados/as hicieran lo mismo, sumaría un total de 1,3 millones de euros. Pero no quieren. Y nos acusan de populismo. Pero Sudáfrica lo hizo. Bulgaria lo hizo. Nueva Zelanda. Turquía. Marruecos. Austria. Si se hace en todos estos países, ¿por qué no en Bélgica?

¿Sabéis que es populista? Políticos como Jambon y De Wever, que ganan 10.000 euros al mes y consideran normal que "todos" tengan que hacer un esfuerzo, pero que se niegan a sacrificar el más mínimo céntimo de su salario. Eso es populismo puro.

Tenemos que deshacernos del modelo capitalista que dice que "quienes menos tienen sufren las pérdidas, mientras los pocos que más tienen se embolsan las ganancias".

Ese modelo es anticuado. Es un modelo pre-coronavirus, no un modelo post-coronavirus. Queremos un impuesto corona sobre los multimillonarios, un impuesto de solidaridad para los súper ricos.

Cuando estalló la crisis del coronavirus, fuimos los únicos en poner esta propuesta sobre la mesa. Hoy la recogen otros partidos.

Porque ahora es algo natural. ¿Cómo podemos aceptar el hecho de que millones de empleados y autónomos sufran pérdidas, mientras los jefes de las empresas que cotizan en bolsa ganan 2 millones de euros al año, es decir, un treinta por ciento más que el año anterior?

En circunstancias excepcionales, medidas excepcionales.

Por lo tanto, proponemos un impuesto corona de 5 % para las fortunas de más de 3 millones de euros. Eso aportaría 15 mil millones de euros.

Sólo se necesita un poco de coraje político. Es la hora tenerlo. 

"El coronavirus ha expuesto brutalmente la verdadera cara del capitalismo"

Los ideólogos del establishment dedican mucho tiempo y atención al "costo económico" de la crisis de la corona. Dedican muy poco tiempo a los problemas psicológicos y sociales de esta crisis. Cuando hablan de los ancianos, parece que ya no hablan de "personas" sino de "costos". Desvergonzadamente, se preguntan cuánto "vale" una vida humana. Para ellos, esta no es una cuestión filosófica, sino una fría cuestión económica.

La lógica del capitalismo se basa en la rentabilidad. ¿Es usted un paciente de larga duración? ¡No es rentable! ¿Incapacitado? ¡No es rentable! ¿Demasiado viejo? ¡No es rentable!

Karl Marx y Friedrich Engels ya lo explicaron hace mucho tiempo en su Manifiesto del Partido Comunista: “[La burguesía] echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos (…) y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.  Echó por encima (…) de la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y (...) la libertad ilimitada de comerciar.”

Reducir los seres vivos a cifras en una macabra contabilidad de beneficios es la lógica perversa de este sistema.

Para mí, esta visión es inaceptable. En la sociedad, los ancianos no deberían ser los últimos. Al contrario, son los primeros. Son los precursores, los pioneros, los que nos enseñaron todo, los que allanaron el camino. La gente mayor no es una cosa del pasado. Son el futuro. Son donde estaremos algún día. De nosotros depende dar a todos la oportunidad de envejecer con dignidad. Es una cuestión de elección. ¿Qué clase de sociedad queremos?

Las convulsiones son puntos de ruptura. Momentos clave de la historia en los que todo cambia y se acelera.

El coronavirus ha revelado brutalmente la verdadera cara del capitalismo. La idea absurda de que el "mercado" es la solución a todo se ha hecho añicos.

A algunos les gustaría ver todo "como era antes" lo antes posible. Pero después del coronavirus, el mundo nunca volverá a ser el mismo.

"Lo social debe ser la nueva norma". Ese era mi mensaje el 1 de mayo de 2017. Ahora es más cierto que nunca. El nuevo estándar debe ser social. Nunca antes habíamos sentido con tanta fuerza lo mucho que nos necesitábamos. Echamos de menos la proximidad. Eschamos de menos el contacto. Nos echamos de menos. Nos necesitamos el uno al otro. Somos animales sociales. Por lo tanto, también necesitamos una sociedad basada en la cooperación y las relaciones, no en el egoísmo o el dinero fácil.

No necesitamos el capitalismo. Lo que necesitamos es el socialismo. Un nuevo socialismo 2.0. Donde la gente puede recuperar su humanidad. Donde se nos juzgue por lo que somos, no por nuestra rentabilidad económica. Una sociedad basada en la cooperación. No más cada uno por su cuenta. La palabra clave es "juntos". Una sociedad en la que todos encuentren su lugar, donde nadie se quede atrás. Donde la salud tenga prioridad sobre los intereses económicos de un puñado de grupos de presión influyentes. Donde se favorezca la planificación ecológica y social, en lugar del caos desenfrenado de una economía centrada en el beneficio y la competencia. Una sociedad, en resumen, que ponga a las personas y al medio ambiente en el centro de sus prioridades. Ese es el modelo de sociedad que defendemos.

¡Viva el primero de mayo!

¡Viva la solidaridad internacional!